«Andábamos sin buscarnos pero sabiendo
que andábamos para encontrarnos».
Rayuela, Julio Cortázar
Nos marchamos con el gesto sobrio de quien termina una aventura con la certeza de haber ganado. Poco importa desgarrar la carne, masacrar las entrañas hasta aniquilar los últimos suspiros que brotan del cuerpo exhausto, si al final se consume la materia con el deseo. Perderse después en el murmullo de estos labios cómplices, en los juegos del azar y en la calma de la noche. Luego, recorrer con el día que empieza las calles empinadas, para convencerse de que el vacío es pasajero. Sólo queda reconocer que en ocasiones hay que saber dejar ir. Que al viento, como a los amantes, no se les consigue atrapar fácilmente. El consuelo es seguir caminando, buscando, encontrando; porque ambos sabemos que los encuentros casuales no son fortuitos.
para variar, me encantan! este y el anterior son inreibles. un abraso.
ResponderBorrarParece que francia está haciendo de las suyas con vos, y vos con ella. Y en serio que los encuentros casuales tienen nada nada de fortuitos. Saludos y que estés bien!
ResponderBorrarGracias Antoniu por ser él que me lee de primero...
ResponderBorrarFrancia, Alemania...y los destinos que me esperan todavía. Necesitaba esa intensidad, es como un alivio. Saludos Laura!
Que bueno que no sólo estas buscando sino encontrando!
ResponderBorrarSuerte!