septiembre 15, 2009

Ohne Titel


julio 20, 2009

Atrapar el viento

«Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que
andábamos para encontrarnos».
Rayuela, Julio Cortázar

Marcharse con el gesto sobrio de quien termina una aventura con la certeza de haber ganado. Poco importa desgarrar la carne, masacrar las entrañas hasta aniquilar los últimos suspiros que brotan del cuerpo exhausto, si al final se consume la materia con el deseo. Perderse después en el murmullo de estos labios cómplices, en los juegos del azar y en la calma de la noche. Luego, recorrer con el día que empieza las calles empinadas, para convencerse de que el vacío es pasajero. Sólo queda reconocer que en ocasiones hay que saber dejar ir. Que al viento, como a los amantes, no se les consigue atrapar fácilmente. El consuelo es seguir caminando, buscando, encontrando; porque ambos sabemos que los encuentros casuales no son fortuitos.

junio 30, 2009

État de siège

Tu vorágine y mi vórtice, no nos sirvieron más que para hundirnos y elevarnos, destruirnos y edificarnos. Pero ahora somos más fuertes y nos reconocemos como parte del otro.

mayo 12, 2009

Acantilado

mayo 08, 2009

Vorágine

He visto como en ocasiones el tiempo se vuelve torbellino. Cuando esto sucede, su fuerza centrífuga no tarda en engullirme y devorarme. Una vez dentro, no hay forma posible de escapar. Es inútil resistirse al cataclismo circular que acompaña el paso de los años. En un principio me embriagaba la sensación de náusea. Pero luego de tantas vueltas, he llegado al convencimiento de que lo mejor es hacer de esta gravitación concéntrica un aliado, y entonces, me dejo llevar por el ir y venir de los ciclos sin oponer resistencia alguna. El terror viene cuando la vorágine se detiene, convirtiéndose en un abismo voraz. La caída es inevitable. El golpe, desgarrador. Y a pesar de los tropiezos y comienzos forzados, aun no me acostumbro al sentimiento de vacío que genera el tiempo, cuando por tanto girar, no me lleva a ningún lado.

abril 30, 2009

Contornos citadinos

abril 25, 2009

El absurdo es voluntario

Por esas razones del azar, leí en un libro de poemas que la libertad es sentencia. Y aunque yo prefiero mantenerme al margen de cualquier divagación de carácter filosófico, algo en esa condena lírica me llenaba de fascinación. En vano me


resistía al derrumbe gravitacional que acompaña todo fatalismo crónico, pero que por alguna estúpida razón, sentía que tenía que defender como a la vida misma. Digamos que, después de todo, no se puede contra la razón. Es triste, pero hay que reconocerlo: los poemas mienten. Ahora, sólo leo los periódicos.

Imagen: "Der grosse Weg"
F. Hundertwasser