Mostrando las entradas con la etiqueta largos CUENTOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta largos CUENTOS. Mostrar todas las entradas

febrero 17, 2009

Después del juego…


Hemos visto juntos cómo empiezan y terminan en ciclos los años, queriendo detenerlos en ocasiones engañando al tiempo para prolongar nuestros fugaces encuentros. Pero siempre hay nuevos amaneceres que llegan sorpresivamente llevándose la complicidad de la noche cargada de uno que otro secreto. Después de todo, lo que termina vuelve a empezar y es entonces cuando sentimos sigiloso el frío de la distancia entre las montañas. Ahora pienso en eso que decías de reinventar historias, tejer episodios que ya fueron para revivirlos y seguir adelante. Me vienen imágenes de recuerdos de cielos estrellados, de memorias de cruces inesperados en caminos errados con primeras impresiones también equivocadas, ecos solitarios que desaparecen cuando ya no estamos. Confieso que aún no domino el arte de cargar con las cosas sin que se me atoren en la garganta pero siempre es lindo verte desde la ventana que pintaste para mí, para no olvidarnos.

febrero 02, 2009

La historia de muchas historias...

Éramos los personajes de una historia cualquiera, inventada acaso en una tarde de esas en que la lluvia cesa un instante para darle respiro a la tormenta sin ponerle fin a su agonía. Basta con decir que en aquel entonces vivíamos ignorándonos -con recíproca correspondencia- en la inmensidad de la ciudad, entre los titulares de los periódicos y el caos global. Habíamos recorrido las mismas calles, miles de veces, sin alcanzar a reconocernos. En nuestro mundo cotidiano de tiritas de papel, nos ocultábamos tras nuestros disfraces y rituales habituales como remedio a la insoportable aflicción de encontrarse partido a la mitad. Vos tenías unas gafas negras y yo un suéter rojo de rayas. Fue también en esa época en la que, intuyéndonos como parte del otro, contemplábamos el cielo de cara al infinito dándole paso al tiempo y cabida a la soledad. Cierto, vos preferís el susurro de la noche del espacio sideral y yo el rayito de sol que quema mientras se desfiguran las nubes allá a lo lejos. Llevábamos ya varios años en eso de deleitarnos con los contornos imaginarios. Había que ver cómo nos desvelábamos fantaseando el beso que corta el aire y detiene la respiración. Compartíamos, también sin saberlo, la entrañable certeza de encontrarnos en algún sitio en medio del desierto, en esas calles que terminan en puente o por qué no, en un autobús. Por un descuido tropiezo, te vi mientras caminabas por el pasillo con tus medias blancas y zapatos negros, en medio de una aburrida reunión de enfermeras, en el café de siempre. Pero como en toda historia inventada, no se hace esperar el fatalismo cínico que nos condena a la cuerda floja. Como hechizado por un despiadado designio, diste media vuelta, saliste por la puerta, bajaste las escaleras, te detuviste unos segundos mientras te acomodabas la bufanda -hacía frío esa tarde- y te fuiste en dirección al este. Mientras que yo, desplomada todavía en el suelo, confabulando también contra mi propio destino, inmóvil, pensando minutos después en lo injusto que puede ser la intemporalidad en ocasiones en las que se te paraliza el cuerpo por completo mientras el tiempo vuela y él desaparece. Historias como ésta suceden a diario. Sé que han pasado años desde la última carta que recibiste y posiblemente aún estés esperando el día en que llegue inesperadamente a tu casa para quedarme. Sí, yo sé, a mí también me hacen falta nuestras discusiones acaloradas sobre el ser y la nada, las duchas compartidas, nuestros desayunos en el parque -aún cuando se está a 12 grados, porque los dos necesitamos aire-, el reencuentro en París y otros muchos viajes a lugares que jamás pensaste en conocer y los planes futuros... Cómo hubiera querido que en ése momento voltearas hacia mí y me dieras la mano para levantarme del suelo...estaríamos ahora probablemente juntos, bromeando sobre cómo el tropezarse te cambia la vida.

enero 06, 2009

Librito amarrillo


«Mais il faut choisir : vivre ou raconter»

Jean-Paul Sartre


Un día partió y dejó todo atrás. Sus recuerdos, si se los llevó consigo, porque eran parte de él y sentía que le pertenecían. No hubiera podido ser de otro modo porque éstos se le habían incrustado entre la epi y la dermis. Tomando precauciones –tenía raíces ya muy profundas-, se llevó el libro amarrillo. Y es que él sabía de historias de hombres que se pierden en el bosque salvaje y escriben para no olvidarse a sí mismos. Además, si alguien accidentalmente llegara a encontrarse el libro amarillo, lo recordaría. Pero bueno, esto no sería más que una suposición, ya que si el librito amarrillo terminara por descuido en el río, todo estaría perdido... ¡Unas cuantas gotitas de agua, y ya está, tu vida entera a la mierda!...

diciembre 12, 2008

Fugitiva de la KGB

«Sans repères,
me voilà sur le sol plein des larmes
».
GM

En mi delirio, desperté confusa luego de haberme encontrado ante un tribunal enmascarado de cobardes verdugos, en un anfiteatro donde el aire era tan pesado y estéril que apenas y se podía respirar, viendo por intervalos en blanco y negro según el vaivén de las luces de los reflectores de la sala de interrogatorios, ahí sola, encausada por los Miembros del Comité para la Seguridad del Estado. De pie y con las manos atadas frente a estas particulares figuritas de aspecto fantasmagórico, atrofiados violentamente por el paso del tiempo y esterilizados en áridos espectros, entreveía como proyección premonitoria la vida que cae en pedazos que luego habrá que rejuntar y armar nuevamente. Presagio desolador. Destino monótono. Ficción. Ajena a esta función circense, escucho el veredicto y salgo del coliseo con el pulso naufrago de la sentencia tan esperada. Me invade un escalofrío glacial y se dispersa el letargo en la piel como dosis de artificio dejándome un sabor arenoso a pétalos rotos en el paladar. Ha llegado el momento de unirme tortuosamente a un bando. Tengo que huir, quitarme el polvo de la frente y respirar aire nuevo. Ahora me están buscando.

noviembre 18, 2008

Bookholzbelg


Ya era de mañana. Al despertarse, lo encontró a su lado. Esperó algún tiempo a que él abriera sus ojos y lo besó. Él la tomó en sus brazos y ambos sintieron lo reconfortante que podía ser una caricia. Se levantaron y tomaron el desayuno. Con ansias esperaron la noche para poder estar juntos luego de una larga espera y amarse apasionadamente.

noviembre 01, 2008

Recuerdos en compota



«Para soñar, hay que comenzar por dormir…porque cuando iniciaste tu sueño, yo decidí ofrecerte mi cama para acostarme a tu lado…porque a tu lado, también mis sueños se hacen realidad…»
Gustavo Herrera

No encontré en tus relatos más que ecos del mañana envueltos en tarritos vidriados de mermelada europea minuciosamente colocados en los estantes de la biblioteca. Sí, tus historias y también tus juegos, empaquetados todos como conservas. El resto, perdido quizás en una de las gavetas trágalo-todo o bien en alguna de las cajas de cartón guardadas arriba en el fondo, desplomándose injusta y trágicamente en el olvido junto con otros papeles, otras fotografías y libros con dedicatoria. Más tarde viene el drama incesante porque un día te vas y regresas siendo otro. Y el tiempo pasa, porque ni modo. Te lanzás a la desesperación porque temías lo posible y perdiste. Ahora ya nadie escribe para mí cuentos de aventureros soñadores que vuelven a casa para ser amados y mi silueta desnuda ha dejado de ser parte de tus bocetos en carbón. Un día te dormís y quedás atrapado en los sueños de otro, un día cualquiera despertás y estás hecho recuerdo en envase de confitura.