«Rien n’a changé et pourtant tout existe d’une autre façon»
Jean Paul Sartre
Pasaban monótonos los días y las horas. Casi ni se sentían los segundos, cuando de pronto, algo sacude el suelo y el tiempo se detiene. Lo efímero termina explotando por el aire en miles de pedacitos de vidrio, mientras que se inventan los recuerdos, pasivos y transitorios como imágenes superpuestas en cámara lenta. Aquel vacío se va llenando, poco a poco, como flujo piroclástico y por un instante recordamos que estamos vivos, al igual que la tierra. Quince siniestros segundos que cambian el orden de las cosas. Se comienzan a ver grietas en paredes, caminos y carreteras. De hilos cuelgan ahora las imágenes que se mueven con las ondas sísmicas. Pero basta cerrar los ojos para que todo eso desaparezca y nos volvemos autómatas. Midiendo el tiempo. Seduciendo el orden. El presente retoma su curso y nos engullimos nuevamente en la rutina porque ya no hay tiempo que perder.
No podemos controlar el tiempo, ni los accidentes, menos los terremotos. Pero siempre queda algo. Un vacío. Una necesidad de sentir que podemos cambiar el cursos de la cosas. Recuperar después de los escombros lo que nos mantiene en pie...
No podemos controlar el tiempo, ni los accidentes, menos los terremotos. Pero siempre queda algo. Un vacío. Una necesidad de sentir que podemos cambiar el cursos de la cosas. Recuperar después de los escombros lo que nos mantiene en pie...
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